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Bien conocidos a lo largo de nuestra geografía, gracias a sus dotes viajeras, a su austero carácter o a sus célebres postres, los pasiegos son portadores de costumbres ancestrales y huéspedes de un entorno natural, que al igual que ellos, goza de una incomparable personalidad.

Merece la pena adentrarse en la comarca alta del Pas; Vega de Pas, San Pedro del Romeral y San Roque de Riomiera. Un mosaico en el que destacan los tonos verdes de unos prados cercados a base de las mismas piedras con las que se construyen las centenarias cabañas con cubiertas de grandes lastras de pizarra. Dos tercios del paisaje se encuentra en cuesta, valles y montes repletos de arroyos, luces y sombras en continuo contraste.

El origen de los pasiegos es un tema expuesto a debate desde hace siglos que contiene todo tipo de aportaciones a la especulación, ya que las pruebas documentales, hasta el día de hoy, resultan bastante estériles. Lo cierto es que lo que más interesa es la particularidad de esta cultura, y no su origen, ante el que ha perdido cualquier tipo de conexión.

La base de la economía pasiega es la ganadería, de ella obtienen todo aquello que les permite llegar a la autosubsistencia. Mediante el peculiar cuidado de su cabaña, lograron que ésta se convirtiese en una de las más valoradas en los feriales y mercados. Hay predilección por la especie vacuna, aunque con el tiempo se ha ido desarrollando la ovina, de la que podemos encontrar discretos rebaños.

La vida de los ganaderos es costosa en cualquier parte, pero en esta comarca se hace especialmente dura. La inhospitalidad del medio, con pendientes tan pronunciadas que en algunos casos alcanzan hasta un 70% de desnivel, ha propiciado el retraso de la llegada de técnica mecanizada. Un entorno al que se han adaptado a base de esfuerzo, trabajo y gran sacrificio.

Con facilidad hallaremos a algún pasiego realizando curiosas labores artesanales y comportamientos afines a las que realizaron sus antepasados. Uno de los más curiosos es la práctica de La Muda o Cambio de Lumbre, un modo de trashumancia que supone el desplazamiento de toda la familia, llevando consigo los enseres más imprescindibles y todo su ganado hacia otra finca con más pasto o hierba. Se trata de una adaptación al minifundio, cada pasiego posee varias cabañas y de su número dependerá la cantidad de mudas que realice al año.

Los pasiegos son de carácter desconfiado y huidizo, probablemente a consecuencia de la forzada soledad a la que se han visto sometidos a lo largo de siglos. Hoy en día, las cosas han cambiado bastante, es fácil entablar una amena conversación con los más jóvenes, a quienes les gusta hablar, con un peculiar acento, sobre el tiempo, la dura ocupación diaria y, como no, del ganado. Un pasiego puede parecer avaro, en cuanto se le habla de dinero presta especial atención, pero en realidad lo que les mueve a tal comportamiento es tan sólo amor a los negocios, en los que son especialmente hábiles.

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